miércoles, 13 de febrero de 2013

El Quijote en latín macarrónico


Ignacio Calvo: "Historia Domini Quijoti Manchegui". Aache Ediciones. Guadalajara, 1999. Colección "Letras Mayúsculas" nº 3. 192 páginas. Es la traducción del Quijote al latín macarrónico.

¿El Quijote Calvo? Aunque se han hecho muchas elucubraciones (teóricamente, pueden ser infinitas) del aspecto del héroe manchego, nadie se ha preocupado por la cantidad de pelos que tuviera en su cabeza. Hoy vamos a recordar al Quijote-Calvo, pero no porque fuera imposible peinarle a causa de su alopecia, sino porque vamos a rememorar la versión del Quijote escrita por uno de Horche, concretamente don Ignacio Calvo...

En este año del Centenario del Quijote, la provincia de Guadalajara puede ofrecer un nuevo giro en esta danza de las efemérides, porque ahora se cumple también, con exactitud precisa, el centenario de la publicación de una de las más famosas y universales réplicas de la obra de Cervantes. Se trata, en concreto, de la “Historia Domini Quijoti Manchegui”, que escribió un alcarreño, don Ignacio Calvo Sánchez, y la publicó por primera vez en 1905, precisamente en la ocasión de conmemorarse el tercer Centenario del Quijote.
En este fin de semana en el que ya entramos, el que contiene el 23 de abril que por ser la fecha del fallecimiento de Miguel Cervantes, ha sido universalmente declarado “Día del Libro”, la obra novelesca más leída y traducida de todos los tiempos tiene su obligada memoria por parte de quienes amamos los libros, y los leemos.
La aventura de Don Quijote y Sancho que escribiera en el siglo XVI don Miguel de Cervantes Saavedra ha dado para mucho. Para tanto, que quizás sea este, El Quijote, el libro más veces editado, y a más idiomas traducido, después de la Biblia. Aplaudido, releído, interpretado, el arquetipo que en don Quijote y Sancho se pinta vale en cualquier parte del mundo. Y así ha ocurrido que personas de todas las naciones, razas y épocas le han leído con admiración, y se han reído con sus aventuras.

El Quijote en clave alcarreña

Algunos analistas han dicho que el Don Quijote hubiera sido en principio llamado "de la Alcarria" por Cervantes, por ser esta la comarca castellana en la que el autor nació, y mejor conocía. No es de extrañar que tenga la Alcarria un cierto marchamo sobre el libro máximo de las letras españolas, y así es incluso explicable que fuera un autor alcarreño, don Ignacio Calvo Sánchez, natural de Horche, quien acometiera la tarea humorística y erudita a un mismo tiempo, de traducir el Quijote al latín macarrónico, una verdadera joya de la interpretación cervantista, que durante el último siglo ha levantado carcajadas y entusiasmos, y sus variadas ediciones han sido pasto de los coleccionistas.
Tiene esta obra, firmada por el cura alcarreño, por título esta inicial humorada: “Historia Domini Quijoti Manchegui, traducta in latinem macarronicum per Ignatium Calvum, curam misae et ollae”. La idea de escribirla nació de la forma más sencilla: tal como nos cuenta el propio autor, siendo estudiante en el Seminario de Toledo, allá por los últimos años del siglo XIX, el exceso de socarronería del alcarreño le acarreó algunos castigos. Uno de ellos, especialmente severo aunque común entre la tropa aspirante a cura, era la traducir al latín algún capítulo de una obra clásica famosa. A Calvo Sánchez le fue asignado traducir, de un día para otro, el primer capítulo del Quijote, en latín. Ni él era ducho en el idioma del Lacio, ni su juventud estaba para muchas erudiciones. Así es que lo tradujo en un latín que se parecía poco, si acaso por el forro, al de Ovidio. Y salió algo que hizo exclamar al rector del Seminario: “Sufficit, Calve, jam habes garbanzus aseguratum”.
Ello le animó a poner todo el Quijote en esa mezcla ridícula y graciosa de latín a medias, el “latín macarrónico” que se dice. Y con ocasión del tercer Centenario del Quijote, en 1905, se editó, agotándose en poco tiempo, lo mismo que pasó con una segunda y aún una tercera edición. La cuarta edición llegó hace pocos años de la mano de la Asociación Cultural “Fray Juan Talamanco” de Horche, y de la editorial AACHE de Guadalajara. Un libro que era carne de librero anticuario, y muchos suspiraban por tener un ejemplar entre sus manos, cuajó de nuevo en una edición pulcra, en todo fiel a las anteriores ediciones, incluso con sus dibujos y prólogos, siendo aplaudida por muchos que, en su juventud, se rieron con ganas de las salidas espléndidas y humorísticas de don Ignacio Calvo.

El autor, don Ignacio Calvo 

En una biografía amplia y documentada, Juan Luis Francos Brea nos presenta la figura de este horchano que fue sabio arqueólogo, y divertido humanista. En 1997 publicó, a costa de la ya mencionada Asociación Cultural “Fray Juan Talamanco”, una biografía comentada, aumentada, enriquecida de grabados, datos dispersos, anécdotas y textos, en la que se presenta, redivivo, a uno de esos personajes alcarreños que parecieron perder su huella, tras haberla tenido espléndida, en el silencio de los tiempos idos. Acomete la obra el estudio de una vida, la del horchano Ignacio Calvo y Sánchez, un polifacético y curioso individuo que, como uno de esos humanistas del Renacimiento, todo lo querían saber, todo lo buscaban y todo lo tenían, siempre, guardado en su corazón.
De la vida de Calvo, joven inteligente, estudioso acelerado, viajero por el mundo, cura párroco de Alhóndiga a comienzos del siglo XX, y un sin fin más de calificativos, está dicho todo en ese libro. No es cuestión de resumirlo. Sí quiero aquí recordar su paso por la cátedra (Física y Arqueología Sagrada en el Seminario de Toledo) por la Biblioteca (bibliotecario en la Universitaria de Salamanca) por el Museo (conservador de la sección de Numismática del Museo Arqueológico Nacional) y por la Academia (fue nombrado Académico Correspondiente de la Real de Historia).
De su actividad investigadora, su cultura bibliográfica, su entusiasmo arqueológico, sus ansias de hacer partícipes a los demás de cuanto sabía y encontraba, también se da cumplida cuenta en las páginas de esta biografía de Francos, quien ha realizado un meritorio esfuerzo recopilativo, dándonos completa la vida y la obra de este personaje que merecía (merecerá siempre) ser recordado.
Además de su conocida versión del Quijote, hay que reseñar sus profundas investigaciones sobre arqueología, la gran colección que llegó a reunir de piezas antiguas, estatuas, cerámicas, y sobre todo monedas, tema en el que era un experto considerado internacionalmente.

Algunas frases

Para quien aún no sepa exactamente a qué nos referimos cuando hablamos de la existencia de este libro, el Quijote traducido al latín macarrónico, del que con estas líneas celebramos su centenario, puesto que nadie más se va a gastar un euro en esta otra efemérides, pueden valer algunas de las frases que aquí y allí van salpicando la obra. Veamos la primera, la que inicia y encabeza el mismo libro, el Capítulo Primero, cuyo rumor en castellano hoy lo cantan hasta los niños pequeños: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme...” lo traduce así Calvo Sánchez:

In uno lugare manchego, pro cujus nómine non volo calentare cascos, vivebat facit paucum tempus, quidam fidalgus de his qui habent lanzam in astillerum, adargam antiquam, rocinum flacum et perrum galgum, qui currebat sicut ánima quae llevatur a diábolo. Manducatoria sua consistebat in unam ollam cum pizca más ex vaca quam ex carnero, et in unum ágilis-mógilis qui llamabatur salpiconem, qui erat cena ordinaria, exceptis diebus de viernes quae cambiabatur in lentéjibus et diebus dominguis in quibus talis homo chupabatur unum palominum. In isto consumebat tertiam partem suae haciendae, et restum consumebatur in trajis decorosis sicut sayus de velarte, calzae de velludo, pantufli et alia vestimenta que non veniut ad cassum.

Es, en definitiva, un lenguaje que recuerda al latín, a los poco entendidos, pero que cualquiera que lo haya estudiado, aunque no pasara del tercero de bachillerato, y con el suficiente sentido del humor como para reírse de uno mismo, puede obtener su significado sazonado de alegrías. Ahora leemos el final que Calvo nos entrega del capítulo sexto, aquel en que, de regreso de su primera salida, el ama con la sobrina, y el cura con el barbero, hacen en la biblioteca del hidalgo el famoso “escrutinio”:

Qui traducit hoc capítulum etiam opinat omnes libros istos de quibus lóquimur, debent quemari et per sua parte quemantur; et ita ahorratur engorrosam latam bibliográficam, quae solùm importaret paucis bibliotecariis et archiveris, qui, in sentire de mea portera, sunt tan chiflati quantùm dóminus Quijotus.

Otro momento supremo de la novela cervantina es el del encuentro de Don Quijote con unos molinos manchegos a los que él cree ver como gigantes, y lucha contra ellos, cayendo finalmente derribado y destrozado por el fuerte empuje, sin alma, de sus aspas. Así nos lo cuenta don Ignacio:

Et dicendo hoc et se comendando suae dóminae Dulcineae, arremetivit cum lanza in ristre, et ad totum galopem Rocinantis, embestivit cum primo molino, dando lanzazum in una aspa quae volvit se, et rumpendo lanza, envolvit caballum et caballerum, et fecit eos rodare bonum trechum, sicut ruedat trapajum empujatum a remolino.

Y para terminar, qué menos que leer la traducción del alcarreño a la carta que Don Quijote escribió en Sierra Morena a su inexistente amada Dulcinea del Toboso, que figura en el capítulo veinticinco de la obra al que Calvo así titula: “Dóminus Quijotes escuchat sicut tontus, scribit sicut locus et poenitet sicut cabra loca”. Esta es la pieza fundamental del arte amatoria cogida al vuelo:

Soberana et alta dómina mea: Iste feritus cum punta ausenciae et laceratus in entretelis cordis, oh dulcíssima Dulcinea del Toboso!, mandat tibi salutem, quam ille non habet. Si fermosura tua despreciat mihi, si pechus tuus non latet pro me, si desdenes tui aflojant fibram meam, moriar de certo in ista cuita. Meus bonus escuderus Sanchus relatavit te, oh pulcra ingrata! quod ego facio et patior pro tua causa. Si sucurres mihi, tuyus sum, et si non sucurres, fac quod veniat tibi in gana, quia si vita mea terminatur satisfecta quedavit crudelitas tua et meum desiderium.
Tuus usque ad mortem, caballerus tristis figuarae.

En cualquier caso, una humorada que no se resiste a ser leida, releida y admirada. Un homenaje más al Quijote, que a su vez cumple ahora su centenario propio. Al menos, en Guadalajara podemos presumir de ser protagonistas en esto del Quijote, al que le faltó muy poco para ser apodado “de la Alcarria”.

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